26 feb 2014

Tolkien: El lamento de Galadriel

ShaylynnAnn


Ai! Laurië lantar lassi súrinen 
Ah! like gold fall the leaves in the wind, ¡Ah! ¡Como el oro caen las hojas en el viento,
yéni únótimë ve rámar aldaron! 
long years numberless as the wings of trees!
e innumerables como las alas de los árboles son los años!
yéni ve lintë yuldar avánier 
The years have passed like swift draughts
Los años han pasado como sorbos rápidos
mi oromardi lissë-miruvóreva 
of the sweet mead in lofty halls beyond the West,
de dulce hidromiel en las altas salas más allá del Oeste,

Andúnë pella, Vardo tellumar 
beneath the blue vaults of Varda
bajo las bóvedas azules de Varda
nu luini yassen tintilar i eleni ómaryo airetári-lírinen. 
wherein the stars tremble in the song of her voice, holy and queenly.
donde las estrellas tiemblan en la voz de su canción sagrada y real.
Sí man i yulma nin enquantuva? 
Who now shall refill the cup for me?
¿Quién llenará de nuevo mi copa?
An sí Tintallë Varda Oiolossëo 
For now the Kindler, Varda, the Queen of the Stars,
Ya que la Iluminadora, Varda, la Reina de las Estrellas,
ve fanyar máryat Elentári ortanë 
from Mount Everwhite has uplifted her hands like clouds,
desde el Monte Siempre Blanco ha elevado sus manos como nubes
ar ilyë tier undulávë lumbulë 
 and all paths are drowned deep in shadow; y todos los caminos se han ahogado en sombras
ar sindanóriello caita mornië i falmalinnar imbë met, 
and out of a grey country darkness lies on the foaming waves between us, 
y la oscuridad de un país gris se extiende sobre las olas espumosas entre nosotros,
ar hísië untúpa Calaciryo míri oialë 
and mist covers the jewels of Calacirya for ever.
y la niebla cubre para siempre las joyas de Calacirya.
Sí vanwa ná, Rómello vanwa, Valimar! 
Now lost, lost to those from the East is Valimar! 
Ahora se ha perdido, ¡perdido para aquellos del Este, Valimar!
Namárië! Nai hiruvalyë Valimar! 
Farewell! Maybe thou shalt find Valimar.
¡Adiós! ¡Quizá encuentres a Valimar!
Nai elyë hiruva! Namárië! 
 Maybe even thou shalt find it. Farewell! ¡Quizá tú la encuentres! ¡Adiós!

La canción es más conocida como «Namárië» (Adiós), este es el título usado por Tolkien en The Road Goes Ever On, pero también se conoce como «El lamento de Galadriel». Algunos también la llaman «La canción de los elfos de más allá del mar», un título según el índice de El Señor de los Anillos. Sin embargo, este debe ser en realidad el título de otra canción, aquella cantada por Galadriel al principio de este capítulo («He cantado las hojas, las hojas de oro, y allí creció...»). En una edición de El Señor de los Anillos, el índice incluye una entrada «Canción de los elfos de más allá del mar» que apunta a la página donde se encuentra «Namárië»; pero en el material publicado, Tolkien jamás se refiere a esta canción con algún título.
En The Road Goes Ever On el poema aparece en tres versiones. La primera es «Namárië» escrita en tengwar, nuestro único ejemplo substancial de un texto quenya escrito con caracteres élficos. Las otras dos versiones están en The Road Goes Ever On (66-67). Una es muy similar al texto de El Señor de los Anillos, pero Tolkien ha agregado marcas de acentuación, indicando todos los acentos mayores y menores. Es seguida por una versión con una traducción interlineal. La última versión difiere un poco de los otros textos, principalmente en el orden de las palabras, porque Tolkien las acomodó en «un estilo más claro y normal». Explicó que las palabras del texto en El Señor de los Anillos tienen un orden y estilo «poético», otorgando concesiones a la métrica.


15 feb 2014

Rock sicodélico de los 70s

gifizer.com
Se suele mencionar que en los setenta la mayoría de las bandas psicodélicas de los sesenta que continuaron estando activas en EE.UU. y en el Reino Unido (Pink Floyd, The Pretty Things, The Society of Fleeting Mysteries, etc) dejaron atrás la psicodelia y en muchos casos mutaron hacia el estilo conocido como Rock progresivo y a géneros similares (ej: The Soft Machine hacia el jazz fusión, Camel con sus referencias al folk celta y toques de jazz rock, Yes creado con miembros de bandas psicodélicas previas como Tomorrow y Syn). Hubo casos en el Reino Unido y en los EE.UU. en que hubo otra tendencia a desarrollar un estilo más convergente con lo que aparecía en el mainstream (ej: Jefferson Airplane, que se transformó en la banda de rock-pop Jefferson Starship o el caso de los británicos Tyrannosaurus Rex que mutaron desde el acid folk hacia el Glam rock con Marc Bolan). Una tercera tendencia mantuvo una perspectiva psicodélica mientras desarrollaban su sonido hacia el rock progresivo o el space rock (ej: Gong, Hawkwind o Arthur Brown).

En Alemania aparecieron algunas bandas con un estilo post-psicodélico y de rock progresivo muy experimental. Bandas como Kraftwerk, Neu, Faust, Can, Tangerine Dream y Amon Düül III usualmente clasificadas dentro de la etiqueta krautrock. Can mantiene una fuerte influencia psicodélica con toques de dadaísmo mientras que Tangerine Dream desarrolló el space rock (en Alemania conocida como Kozmicsche Muzik) y evolucionó en cierta forma hacia el ambient electrónico para ser en muchos casos asociada con la música New Age junto con Klaus Schulze y la llamada Escuela de Berlín.

A fines de los años setenta aparecieron bandas usualmente clasificadas dentro del nombre post-punk. Dentro de estas destacaban The Soft Boys, The Teardrop Explodes y Television Personalities; las cuales tenían una clara influencia del rock psicodélico de los sesenta.

Pero es 1965 cuando toma verdadera forma las características del rock psicodélico: Primero, cuando el grupo estadounidense The Charlatans (no confundir con el grupo británico creado en 1989) materializa la primera actuación de una banda bajo efectos del LSD, en su presentación en el Red Dog Saloon, de Virginia City, Nevada, el 29 de Junio. En menos de un mes de ese bizarro acontecimiento, el productor de, entre otros, la banda surf The Rivingston, Kim Fowley, lanza el primer tema rock con una clara referencia a la experiencia psicodélica llamado "The Trip", que logró un relativo éxito. En agosto de ese mismo año, la banda contracultural neoyorkina The Fugs, hace la primera referencia explícita al LSD en la letra de una canción de rock en su "I Couldn't Get High", aunque su música no sonaba "psicodélica". Los californianos The Doors tienen temas de carácter psicódelico en sus álbumes basados en las experiencias con drogas de Jim Morrison, de cuya inspiración nacieron temas como "Moonlight Drive", "The End" y otros.

Ya en 1966, California demuestra ser el mayor impulsor de la psicodelia norteamericana, con actividades psicodélicas como los Acid Test organizados por Ken Kesey y sus Merry Pranksters, el Trips Festival organizado por Stewart Brand (pionero en el concepto multimedia, y responsable de presentar la música electrónica a la generación contracultural); y sobre todo, el lanzamiento de discos fundacionales de la sicodelia, como el sencillo con toques indios "Eight Miles High" de The Byrds (Febrero 1966), el barroquismo sinfónico del "Pet Sounds" de The Beach Boys, y la experimentación con coqueteos con la música concreta del "Freak Out" de The Mothers Of Invention, liderados por Frank Zappa.

fuente: wikipedia, con algunas correcciones

playlist de Spotify con algunos de los grupos mencionados en el artículo



13 feb 2014

El corazón delator (Poe)

El corazón delator (título original en inglés: The Tell-Tale Heart), también conocido como "El corazón revelador", es un cuento del escritor estadounidense Edgar Allan Poe, publicado por primera vez en el periódico literario The Pioneer en enero de 1843. Poe lo republicó más tarde en su periódico The Broadway Journal en su edición del 23 de agosto de 1845.
La historia presenta a un narrador anónimo obsesionado con el ojo enfermo (que llama "ojo de buitre") de un anciano con el cual convive. Finalmente decide asesinarlo. El crimen es estudiado cuidadosamente y, tras ser perpetrado, el cadáver es despedazado y escondido bajo las tablas del suelo de la casa. La policía acude a la misma y el asesino acaba delatándose a sí mismo, imaginando alucinadamente que el corazón del viejo se ha puesto a latir bajo la tarima.
No se sabe cuál es la relación entre víctima y asesino. Se ha sugerido que el anciano representa en el cuento a la figura paterna, y que su "ojo de buitre" puede sugerir algún secreto inconfesable. La ambigüedad y la falta de detalles acerca de los dos personajes principales están en agudo contraste con el detallismo con que se recrea el crimen.
wikipedia


El corazón delator (The tell-tell heart) / Edgar Allan Poe (1843)

¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.

Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.

Andrew Mar

Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio... ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría... ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente... muy, muy lentamente, a fin de no perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente... ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches... cada noche, a las doce... pero siempre encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.

Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo. ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante esta idea, y quizá me oyó, porque lo sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás... pero no. Su cuarto estaba tan negro como la pez, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente.

Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando:

-¿Quién está ahí?

Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a tenderse en la cama. Seguía sentado, escuchando... tal como yo lo había hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.

Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena... ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba: "No es más que el viento en la chimenea... o un grillo que chirrió una sola vez". Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.

Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.

Así lo hice -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.

Estaba abierto, abierto de par en par... y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. Lo vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito.

¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es sólo una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado.

Pero, incluso entonces, me contuve y seguí callado. Apenas si respiraba. Sostenía la linterna de modo que no se moviera, tratando de mantener con toda la firmeza posible el haz de luz sobre el ojo. Entretanto, el infernal latir del corazón iba en aumento. Se hacía cada vez más rápido, cada vez más fuerte, momento a momento. El espanto del viejo tenía que ser terrible. ¡Cada vez más fuerte, más fuerte! ¿Me siguen ustedes con atención? Les he dicho que soy nervioso. Sí, lo soy. Y ahora, a medianoche, en el terrible silencio de aquella antigua casa, un resonar tan extraño como aquél me llenó de un horror incontrolable. Sin embargo, me contuve todavía algunos minutos y permanecí inmóvil. ¡Pero el latido crecía cada vez más fuerte, más fuerte! Me pareció que aquel corazón iba a estallar. Y una nueva ansiedad se apoderó de mí... ¡Algún vecino podía escuchar aquel sonido! ¡La hora del viejo había sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez... nada más que una vez. Me bastó un segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me preocupaba, pues nadie podría escucharlo a través de las paredes. Cesó, por fin, de latir. El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver. Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón y la mantuve así largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme.

Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas.

Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en el hueco. Volví a colocar los tablones con tanta habilidad que ningún ojo humano -ni siquiera el suyo- hubiera podido advertir la menor diferencia. No había nada que lavar... ninguna mancha... ningún rastro de sangre. Yo era demasiado precavido para eso. Una cuba había recogido todo... ¡ja, ja!

Cuando hube terminado mi tarea eran las cuatro de la madrugada, pero seguía tan oscuro como a medianoche. En momentos en que se oían las campanadas de la hora, golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranquilidad, pues ¿qué podía temer ahora?

Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de policía. Durante la noche, un vecino había escuchado un alarido, por lo cual se sospechaba la posibilidad de algún atentado. Al recibir este informe en el puesto de policía, habían comisionado a los tres agentes para que registraran el lugar.

Bartek

Sonreí, pues... ¿qué tenía que temer? Di la bienvenida a los oficiales y les expliqué que yo había lanzado aquel grito durante una pesadilla. Les hice saber que el viejo se había ausentado a la campaña. Llevé a los visitantes a recorrer la casa y los invité a que revisaran, a que revisaran bien. Finalmente, acabé conduciéndolos a la habitación del muerto. Les mostré sus caudales intactos y cómo cada cosa se hallaba en su lugar. En el entusiasmo de mis confidencias traje sillas a la habitación y pedí a los tres caballeros que descansaran allí de su fatiga, mientras yo mismo, con la audacia de mi perfecto triunfo, colocaba mi silla en el exacto punto bajo el cual reposaba el cadáver de mi víctima.

Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas comunes, mientras yo les contestaba con animación. Mas, al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso; seguía resonando y era cada vez más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación, pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara... hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos.

Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba... ¿y que podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso..., un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré... Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto... más alto... más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían... y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces... otra vez... escuchen... más fuerte... más fuerte... más fuerte... más fuerte!

-¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí!¡Donde está latiendo su horrible corazón!

10 feb 2014

Más allá del hielo (audiolibro)


Más allá del hielo (The ice limit)
Douglas Preston & Lincoln Child
Plaza Janés

El descubrimiento de un meteorito gigantesco que lleva millones de años enterrado en una isla de la costa sur de Chile atrae la atención de Palmer Lloyd, un coleccionista multimillonario que es capaz de pagar cualquier precio con el fin de conseguir algo único y valioso. Lloyd recluta a Eli Glinn, presidente de Effective Engineering Solutions Inc., para trasladar el meteorito desde la isla hasta su museo en Estados Unidos. Es el objeto más pesado cuyo transporte se haya intentado.

Glinn es experto pero se encontrará con algunas adversidades añadidas: las crudas condiciones atmosféricas en una isla cercana a la Antártida, el enigma sobre el origen y la naturaleza del meteorito, la contraposición del gobierno chileno, que no está dispuesto a permitir la apropiación del meteorito y pone a sus militares a luchar para evitarlo… Glinn deberá enfrentarse a la situación pero se verá atrapado en un infierno de hielo.

El libro está “parcialmente” inspirado en una expedición científica real. En 1906 Robert Peary descubrió el meteorito más grande del mundo en el norte de Groenlandia y lo llamó “Ahnighito”. Lo rescató superando muchas dificultades y lo subió a su barco. Una vez a bordo el meteorito estropeó todas las brújulas del barco, pero consiguió llevarlo a Nueva York, al museo de historia natural, donde el meteorito sigue expuesto. El “Ahnighito” pesa tanto que lo han colocado sobre seis grandes pilares de acero que penetran en el suelo de la sala, atraviesan el sótano y están fijados con pernos a la capa de roca debajo del edificio.

Todos los personajes y el barco descritos en esta novela son puramente ficticios.


Douglas Preston
(Cambridge, Massachusetts, 26 de mayo de 1956) es un escritor de novelas del género tecno-thriller y de terror, coautor junto a Lincoln Child de varios libros de suspense que se han convertido en superventas internacionales.

Preston comenzó su trabajo de escritor en el Museo Norteamericano de Historia Natural. Además de sus colaboraciones con Child, ha escrito cinco novelas y varios libros de temática científica que se ocupan fundamentalmente de la historia del sudoeste norteamericano. Ha trabajado también en la Universidad de Princeton y ha escrito numerosos artículos para The New Yorker sobre temas científicos.

Actualmente vive en Maine con su esposa y sus tres hijos: Selene, Aletheia, Isaac. En 1995, con The Relic, le llegó el reconocimiento mundial. Todas sus novelas han sido catalogadas como Best Sellers internacionales, incluyendo sus libros en solitario. El códice maya, su segunda novela como solista, recibió muchos elogios por parte de la crítica, y fue muy aceptada por el público. Esto hizo que continuara con Tiranosaurio, que narra los acontecimientos posteriores a los de la anterior novela. Luego llegaría Blasfemia, en donde desarrollaría a Wyman Ford, personaje de Tiranosaurio. Recientemente, en el 2010, publicó Impacto, en donde el ya mencionado Ford hace de protagonista.

Lincoln Child
Nació en Westport, Connecticut en 1957. Es conocido por ser co-autor de varias novelas de suspense junto a Douglas Preston que se han convertido en Best-sellers internacionales.
Child trabajó en una prestigiosa editorial neoyorquina y ha compilado y editado numerosas antologías de relatos de terror y cuentos de fantasmas. Además es analista de sistemas.


Audiolibro (ivoox) en 2 partes