2 ene. 2012

Cine: Trilogía Qatsi 1 / Koyaniskatstsi (1983)


TítuloKoyaanisqatsi
Ficha técnica
DirecciónGodfrey Reggio
ProducciónGodfrey Reggio
GuionRon Fricke
Michael Hoenig
Godfrey Reggio
Alton Walpole
MúsicaPhilip Glass
FotografíaRon Fricke
MontajeRon Fricke
Alton Walpole


Datos y cifras
País(es)Estados Unidos
Año1983
Duración87 minutos
Idioma(s)Inglés
Hopi


KOYAANISQATSI 
La naturaleza pérdida y el mundo moderno en un vertiginoso documental de arte 
por Carlos Brussain

KOYAANISQATSI es el primer film de la trilogía QATSI (KOYAANISQATSI, POWAQQATSI y NACOYQATSI). Es también el debut de Godfrey Reggio como director y productor. Hasta este 2001 se realizaron , será producida en los próximos meses. Del mismo autor también son las películas ANIMA MUNDI y EVIDENCE, todas presentadas por IRE (Institute for Regional Eductation, una fundación que se mantiene gracias a este tipo de proyectos).

KOYAANISQATSI corresponde al género documental y fue realizada entre 1975 y 1982. El film expone la colisión de dos mundos diferentes. Por un lado la vida urbana y su tecnología, y por el otro el medio ambiente. El título es una palabra hopi que en una de sus acepciones significa "vida fuera de equilibrio", pero también "vida loca", "vida en turbulencia", "vida que lleva a la desintegración" o un estado de vida que clama por otro modo de vivir"; significados todos que se ajustan a una descripción perfecta del mundo moderno.

KOYAANISQATSI posee una particularidad: carece completamente de palabras. Quizás esto se relacione con el hecho de que Godfrey Reggio vivió 14 años en silencio y plegaria cuando estudiaba para ser monje. Pero la ausencia de las palabras no limita su arte. La película prescinde totalmente de ellas y se despliega como una selección aguda de imágenes, fotografiadas por el ojo sensible de Ron Fricke, que también junto a Alton Walpole realiza una edición precisa y compuesta al son de la música de Philip Glass. Todos estos elementos producen una alquimia que embarca al espectador en un viaje hacia la locura del mundo contemporáneo y hacia su propio mundo interior.

EL VIAJE
Al comienzo del film irrumpen escenas de la naturaleza: cielos, nubes, cerros, ríos, aves, grutas, mostradas con un ritmo sereno, acorde al mundo natural exhibido. Pero, pronto, este clima calmo cede el lugar a la ruptura del equilibrio. Los reactores de un cohete producen una lluvia de cenizas, lluvia que para los hopis era una señal clara del comienzo del fin del mundo. "Podría ser que algún día sea arrojado del cielo un receptáculo de cenizas que queme la tierra y evapore los océanos", vaticina una de sus profecías. Luego la tormenta de imágenes mostrará ciudades grises, fábricas vomitando vapores oscuros. Otra profecía hopi asegura: "Excavar riquezas de la tierra es cotejar al desastre". Y otra: "Al acercarse el día de la purificación, la Abuela Araña tejerá hilos de un extremo al otro del cielo"; pero esta vez, quizás, no será la Abuela Araña la que teja los hilos, sino el hombre moderno, que levantará sus torres, sus "araña" de hierro, tendiendo cables entre torre y torre.

En el film, los ojos del espectador son invadidos por dinámicas secuencias donde se suceden gente acostada en la playa con sus hijos jugando en la arena a escasos pasos de una central atómica; portaaviones que recitan en su pista: E=mc2; tanques que avanzan hacia ninguna parte; cazabombarderos; fundiciones; aviones espía; explosiones nucleares; aeropuertos; excavaciones; calles atestadas de rostros perdidos... Pero Reggio no se reduce a transmitir "postales" que ilustran el vértigo moderno. Va aún más allá y continúa mostrando imágenes de ghettos, miseria, violencia social, desempleo, monoblocks inmensos demolidos brutalmente por explosiones calculadas, basurales, pobreza, y los contrapone con imágenes de aviones jumbo, que hablan en sí mismos de un "estilo de vida". También muestra gigantes de hierro y concreto que desafían al cielo, reflejando en sus cristales un cielo que parece cada vez más lejano para los hombres que pueblan las ciudades debajo. Asimismo despuntan en la pantalla: playas enteras de autos recién fabricados contra gente durmiendo en las calles. Rostros de gente alienada en las veredas. Casinos. Terminales inundadas por un mar de personas. Publicidades que prometen rellenar los abismos interiores con cigarrillos, salchichas o automóviles. Las fábricas de alimentos trabajan día y noche para satisfacer al hambriento monstruo de millones de bocas. Conteos de billetes por máquinas automáticas. Circuitos que se funden con la visión ascendente de una cámara que toma la ciudad vista desde el cielo. Gente que camina apresurada. Cadenas de montaje sin fin. Fiambres. Panes. Restaurantes de comida rápida. Personas trabajando de noche en oficinas que no apagan sus luces jamás. Escaleras mecánicas que nunca llevan al cielo. Brazos robot. Bowlings. Autopistas con luces de colores que desfilan por siempre. Hombres cegados que juegan videojuegos con bebés en sus brazos y sus hijos imitan sus "enseñanzas" a un lado.

Y la luna en el cielo. Y la luna sigue en el cielo. Y la luna sigue en el cielo vista por nadie. Olvidada por aquellos que no pueden mirar más que su propio ombligo. ¿Cuánto tiempo pasó ya desde que el hombre olvidó los ciclos de la naturaleza? Naturaleza de la que el también forma parte, aunque insista en darle la espalda. Si alguien se detiene a pensar, hace sólo 200 años atrás los aborígenes norteamericanos todavía poblaban dignamente esas tierras que hoy sirven de base a plantas de explotación petrolera. Indígenas que visitaban grutas sagradas que hoy son minas; que habitaban praderas que hoy son hoteles, negocios, casas de juego, algunas incluso manejadas por indígenas, ¿es posible acaso pensar una paradoja peor? Los hermanos de la tierra y del cielo, de las praderas, del bisonte, del desierto, de las nubes, del sol y de la luna, degradados también a este juego alienante de la vida moderna. Paradojas. Y una imagen que nos invade con frecuencia: la de la Abuela Araña que se aproxima a nuestro tiempo, a nuestro mundo, para extender sus hilos de un extremo al otro del cielo.